PERIODISTA Y ESCRITOR SAHARAUI
Cuando Estados Unidos, Rusia, La Unión Europea, Arabia Saudí, Turquía e Irán acaben con la guerra de Siria, habremos dado un pequeño paso contra el fanatismo y el terrorismo. Seguro que en ese momento, la violencia terrorista se verá debilitada.
Cuando se inició la guerra de Irak en 1990 y Estados Unidos lideró una coalición de más de 30 países, para poner fin a la ocupación de Kuwait, por parte de su vecino iraquí, y restablecer la soberanía del pequeño emirato árabe, creímos que el mundo unipolar que nacía en oriente medio con el liderazgo norteamericano, iba a poner fin a los totalitarismos y promover gobiernos democráticos capaces de construir nuevas sociedades.

Apareció el fenómeno de Al Qaida en aquel escenario y con él, Osama Bin Laden, llamando a la Yihad contra los infieles. Dividiendo el mundo en religiones, y utilizando el problema palestino como un conflicto entre occidente y oriente. Aquellos muyahidines que lucharon en Afganistán para acabar con el socialismo soviético, ahora tenían una nueva causa que defender en Palestina, utilizando un discurso religioso y fanático que se alejaba del discurso del Organización para La Liberación de Palestina (OLP) basado en un nacionalismo secular árabe que defendía sobre todo, la tierra de los árabes, y no el enfrentamiento entre religiones.

Con esta nueva ideología religiosa se consolidan Hamas y la Yihad Islámica en Palestina. Al Fatah el partido de Yasser Arafat, pierde apoyo entre los palestinos y el conflicto adquiere una connotación religiosa que sirve al extremismo de Al Qaida y el Islam Wahabí para extender sus tentáculos en muchas países pobres del mundo musulmán.

Empiezan los atentados terroristas de Al Qaida, en Somalia, Arabia Saudí, Kenia y Tanzania; justificando sus crímenes bajo el argumento de la lucha contra los infieles que ocupan la tierra del Islam. Cuando sabemos que el judaísmo, el cristianismo y el islam tienen sus raíces en esos países. El Frente Popular para la Liberación de Palestina, de ideología socialista, en el que hay palestinos cristianos, musulmanes y ateos que luchan por recuperar su tierra, en ese momento se ve desplazado por movimientos religiosos que buscan otro tipo de discurso que movilice a los palestinos.

El monstruo de Al Qaida sigue creciendo gracias a la derrota de los progresistas y socialistas en el mundo árabe. Desparece Yemen del sur, Argelia sufre una guerra declarada por los fanáticos religiosos contra El Movimiento de Liberación de Argelia (FLN,) y Libia lucha contra los mismos extremistas.

Los fanáticos se introducen en las mezquitas, financiados por el wahabismo saudí y algunos países del Golfo. Intentan interpretar el Islam desde un discurso de intolerancia y odio que afecta a muchas comunidades musulmanas que luchan para encontrar su espacio, en el mundo que nace después de la guerra fría. Los fanáticos dan respuesta al paro, a la pobreza, a la falta de democracia y de justicia interpretando el Corán de forma radical, con el objetivo de ofrecer una ideología salvadora a los desheredados y pobres de esas sociedades.

A partir de ese momento, siembran la semilla del odio y la propagan como solución a los problemas de pobreza, de falta de oportunidades y racismo que afecta al mundo que estamos construyendo.

Los ideólogos del terror, rompen con los desafíos de las sociedades modernas y buscan la salvación en textos religiosos mal interpretados y sacados de contexto, con el objetivo de someternos al miedo y el terror permanente, dividiendo a los musulmanes entre sunitas y chiíes, inaugurando una nueva guerra civil en varios países árabes.

Se suceden los atentados y las condenas, el monstruo ejerce su guerra del terror en todo el planeta, creando una situación de miedo y vulnerabilidad permanente. El Islam paga las consecuencias de cada crimen cometido en su nombre y las sociedades más abiertas y plurales se ven amenazadas.

Los musulmanes, los judíos, los cristianos, los budistas, los ateos y los humanos; estamos obligados a comprender este terrible fenómeno de la destrucción y el odio. Debemos de luchar juntos para construir una nueva religión que permita que una mirada sincera contra el odio, pueda derrotar cada acto terrorista que sufre nuestro mundo.

La guerra preventiva de Irak, la primavera árabe, la destrucción de Libia y Siria, y el Estado Islámico son los últimos capítulos de una larga historia que empieza con los Talibanes y Al Qaida llamando a la Yihad. Una región convulsa e inestable necesita encontrar una identidad religiosa que le permita coexistir con otras sociedades, sin ningún tipo de violencia.

Cuando Estados Unidos, Rusia, La Unión Europea, Arabia Saudí, Turquía e Irán acaben con la guerra de Siria, habremos dado un pequeño paso contra el fanatismo y el terrorismo. Seguro que en ese momento, la violencia terrorista se verá debilitada.

Barcelona seguirá entonces, acogiendo refugiados saharauis, tibetanos, kurdos y de otros pueblos, que siguen pidiendo una oportunidad a la paz, alejada de la ideología del odio y del terror. Mientras tanto la humanidad continuará persiguiendo nubes y estrellas en cada estación.

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