Ali Salem Iselmu, escritor y periodista

 

Crisis de Guerguerat y el futuro del Sahara Occidental un repaso de actualidad y perspectivas del proceso

político del Sahara Occidental. El periódico vasco Berria en su formato impreso y digital ha hecho eco de este trabajo en su edición euskera del martes 14 de marzo de 2017.

Por Ali Salem Iselmu, escritor y periodista

La crisis del Guerguerat en la frontera sur del Sahara Occidental, ha demostrado la ineficacia de la ONU y el papel de simple observador de La Minurso (Misión de Las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sahara Occidental).

Cuando el 11 de agosto de 2016, Marruecos inició la construcción de una carretera asfaltada fuera del muro, sabía que violaba el Acuerdo de Cese El Fuego pactado con el Frente Polisario en el año 1991. Dicho acuerdo, obligaba a las partes a mantener sus ejércitos separados por la distancia de cinco kilómetros. El Frente Polisario, denunció esa violación a las Naciones Unidas, y La Minurso no detuvo la construcción de la carretera ilegal. Marruecos pretendía con esa acción, facilitar el tránsito a sus camiones, para abastecer a los países de África occidental con frutas, verduras y otros productos.

Ante la incapacidad de la ONU, de garantizar lo pactado en 1991, y a pesar de la denuncia del Frente Polisario. La situación no cambió sobre el terreno, y los saharauis se vieron obligados a trasladar unidades de su ejército y frenar la construcción de la carretera. Esa decisión, fue vista como una respuesta legítima en defensa de lo pactado bajo la mediación de la ONU.

Marruecos trasladó entonces unidades de la Gendarmería Real Marroquí, que estuvieron a la distancia de 120 metros de los militares saharauis. La situación era demasiado tensa, y amenazaba con la ruptura del cese el fuego. Los camioneros marroquíes que pasaban por esa carretera, empezaron a poner sobre sus camiones, mapas ilegales en los que el Sahara Occidental aparecía como parte del Reino de Marruecos. Los saharauis indignados ante semejante provocación, no permitieron el paso a los vehículos que llevaban ese mapa ilegal.

La situación fue tomando mayor tensión, hasta que el rey de Marruecos Mohamed VI, hizo una llamada el pasado 24 de febrero al Secretario General de la ONU, António Guterres en la que anunciaba la retirada de los militares de su país de esa zona del Sahara Occidental. Esta decisión fue aplaudida por los Gobiernos de España y Francia.

El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, alabó la decisión de Marruecos e instó al Frente Polisario a retirar sus militares con el objetivo de desactivar la tensión en esa frontera del Sahara Occidental.

Lo que demuestra esta crisis, es realmente la falta de autoridad de la ONU en el territorio no autónomo del Sáhara Occidental, al permitir hasta la fecha de hoy, la violación de los derechos humanos, el saqueo de los recursos naturales y la no implementación del referéndum.

Dónde han estado los Gobiernos que felicitan a Marruecos por su retirada de ese punto fronterizo, cuando no reprobaron la quema del campamento saharaui de Gdeim Izik, y bloquearon una resolución de condena por esos hechos presentada en su momento por México, ante el máximo órgano internacional. Lo que llevó a la ONU a deplorar la violencia, pero en ningún caso a condenar la agresión llevada a cabo contra civiles, en una protesta pacífica.

La visita del  anterior Secretario General de la ONU, Ban ki-moon a los campamentos de refugiados saharauis reconociendo la ocupación del Sahara Occidental, llevó a Marruecos a expulsar parte del personal de La Minurso, prohibiendo a su enviado Christopher Ross el acceso al territorio del Sahara Occidental. El bloqueo de la vuelta del personal de la ONU y el rechazo a la reanudación de la negociación es la postura de la diplomacia marroquí hasta la fecha de hoy.

El rechazo a cualquier intento de observación de los derechos humanos, y la prohibición de las manifestaciones que reclaman el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui, derecho reconocido por el propio Consejo de Seguridad en la resolución 1514 de 1960 de la Asamblea General, esa es la gran asignatura pendiente de la ONU y la deuda moral que siguen reclamando los saharauis. Hay que entender, que el Frente Polisario está en su legítimo derecho para establecer un puesto de control en la frontera con Mauritania e instar a las Naciones Unidas a la  descolonización de todo el territorio. Teniendo en cuenta la larga lista de incumplimientos de Marruecos, y su rechazo al Plan de Arreglo de 1991 y al Plan Baker del 2003. Ambos planes  aprobados de forma unánime por el Consejo de Seguridad.

El Frente Polisario está obligado a buscar una solución a un conflicto bloqueado, en el que Marruecos se niega  a ofrecer una salida, y presiona para restar protagonismo a la Unión Africana en este litigio, con su nueva incorporación a la organización continental. Por otra parte, amenaza a Europa con romper los tratados comerciales, de inmigración y seguridad si no, se le reconoce el Sahara Occidental como parte de su territorio.

Ha llegado el momento clave para la ONU. La estrategia de negociación en el marco del capítulo sexto está agotada. La dimisión de Christopher Ros como enviado especial del Secretario General, es un serio revés para las Naciones Unidas en su intento de imponer una salida, a un conflicto que se ha quedado varado en las arenas del Sahara Occidental. La inestabilidad y la inseguridad que se puede derivar de esta situación, supone una amenaza para toda la región del norte de África y sur de Europa. Reducir el conflicto saharaui a miles de refugiados abandonados en la región de Tinduf , es un grave error y una visión cortoplacista que nos llevará irremediablemente a un escenario desconocido, en el que todo está por decidir