Con la entrada del año 2017, Marruecos intenta sacudir de su ropa la arena pesada del Sáhara que se mete por la nariz, las orejas y por los ojos. La Unión Africana inspirada en los ideales de Nelsón Mandela, Huari Bumedián, Amilcar Cabral, Patricio Lumumba, Kwame Nkrumah y otros líderes anticolonialistas; ha dejado las cosas claras a las pretensiones de Marruecos, de imponer una ocupación ilegal, que rompe con la doctrina de autodeterminación y descolonización que ha servido a muchos pueblos africanos para lograr su independencia.

La Liga Árabe que se ha quedado fragmentada ante el conflicto sirio y la guerra de Yemen, no puede dar doctrinas a los pueblos de África y su tradicional lucha por la libertad. Una región inestable de la que ha surgido el peor fenómeno terrorista, conocido en las últimas décadas, poco puede aportar al conflicto del Sahara Occidental, que ha estado siempre en la agenda de los países africanos en varios foros internacionales.

Marruecos hizo su apuesta por los países del Golfo Pérsico y tejió su alianza, creyendo que la convulsión de los países árabes, iba a favorecer a sus intereses. Hoy sus aliados son un peligro para la seguridad internacional. El apoyo de Arabia Saudí y Catar a los llamados grupos rebeldes, se resquebraja ante la tregua lograda por Siria, Rusia y Turquía para poner fin al sufrimiento de millones de refugiados, que siguen huyendo de la guerra y el terrorismo.

El Acuerdo Comercial de la Unión Europea con Marruecos excluye de forma clara al territorio del Sahara Occidental, y la justicia europea señala que el Frente Polisario en representación del pueblo saharaui es la parte con la que se debería negociar cualquier acuerdo económico.

La crisis de Elguerguerat en la frontera sur del Sahara Occidental ha servido para demostrar ante la ONU a quién pertenece la soberanía de dicho paso fronterizo. El discurso repetido hasta la saciedad por Marruecos, desde Tánger hasta Lagüera, se ha convertido en mera propaganda que vende el majzén a un pueblo cada vez más convencido del error histórico de la guerra y la ocupación de una tierra y un pueblo que mantienen su fe en la resistencia y la lucha por su libertad.

Los saharauis pueden sentirse orgullosos del 2016. La lucha en los territorios ocupados continúa a pesar de la represión y la permanente expulsión de periodistas, juristas y observadores internacionales.

La batalla a nivel de las Naciones Unidas, la ha perdido Marruecos cuando ha expulsado a los funcionarios de la Minurso y ha llevado a cabo manifestaciones contra Ban Ki-moon. Argelia y Mauritania se coordinan con La República Saharaui para luchar contra el tráfico de drogas que provienen de Marruecos, con el objetivo de sembrar la región de traficantes y desestabilizar a los países fronterizos.

El jugar con el tiempo, con los cambios internacionales e intentar mantener el status quo de forma indefinida no sirve de nada a Marruecos. Desde Estados Unidos pasando por Rusia, La Unión Europea, La Unión Africana y América Latina nadie reconoce su ocupación ilegal al Sahara Occidental.

Millones de dólares gastados en lobbies con el propósito de imponer a la comunidad internacional su presencia a la fuerza en un territorio cuyo pueblo se levanta todos los días pidiendo ser escuchado, pidiendo ser libre. Pidiendo el fin de un largo invierno que impide a las acacias del desierto volver a llenarse de flores, aun estando rodeadas por un campo de dunas.

Ha empezado la cuenta atrás para un Marruecos perdido en su propia parodia, un Marruecos que silencia la libertad y reprime con la fuerza. Ninguna propuesta tendrá validez, sino devuelve la soberanía al pueblo saharaui.